Mal de males: las cárceles en México (Parte 1 de 2)

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  Mal de males: las cárceles en México (Parte 1 de 2)
     
     

A finales de 2014 y principios del presente año, organismos gubernamentales e instituciones académicas han dado a conocer diversos estudios y reportes sobre el estado que guarda el sistema penitenciario nacional. Ello ha permitido actualizar los diagnósticos realizados durante los últimos años y ha alertado, una vez más, sobre las deplorables condiciones en las que purga su sentencia la mayor parte de la población penitenciaria y la alarmante disfuncionalidad que existe en la administración de la mayor parte de los centros de reclusión, donde es cosa común encontrar altos niveles de violencia entre reos, maltrato a sus familiares durante las visitas, extorsión, supresión de derechos elementales, prácticas de corrupción, planeación y realización de delitos de extorsión y secuestro desde el interior de un significativo número de cárceles, así como la existencia de autogobiernos, cogobiernos y altísimos niveles de impunidad.

También, en Delito y Cárcel en México, deterioro social y desempeño institucional. Reporte Histórico de la población carcelaria en el Distrito Federal y El Estado de México, 2002 a 2013: Indicadores clave, investigación realizada por Marcelo Bergman, Gustavo Fondevilla, Carlos Vilata y Elena Azaola, bajo el auspicio del CIDE, se da cuenta de que la mayor parte de las personas que recientemente han sido recluidas (61%) lo están por haber cometido delitos de robo con violencia y robo simple, y que la mitad de dichos robos fueron por montos que van de entre dos mil y once mil pesos.

Si bien resulta alentador saber que la menor parte de infractores se encuentran recluidos por haber cometido delitos como robo con violencia, homicidio doloso, secuestro y delitos sexuales (algunos de los cuales se enlistan en el catálogo de delitos de alto impacto), el periodo de estudio reporta un acentuado incremento.

Más aún, de acuerdo con datos proporcionados por el Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales 2014 nos enteramos que 38 mil 186 (18%) presos del país son reincidentes, de los cuales 86% fueron encarcelados por cometer delitos del fuero común y el 14% restante por delitos del fuero federal. Rubro, éste último que sufrió un incremento de 1.5% durante 2014, de acuerdo con datos proporcionados por la PGR.

 

 

La gravedad de la situación que priva en los centros penitenciarios (federales, estatales y municipales), sustentada en los datos arrojados por las investigaciones que sistemáticamente realizan diversas instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil y organismos gubernamentales, nos obliga a pensar sobre el fin que se le ha asignado constitucionalmente y que no es otro que lograr la reinserción social del sentenciado y procurar que no vuelva a delinquir. Por tal razón y sin desdoro, me atrevo a señalar, nuevamente, que nos encontramos ante un serio problema que está lejos de resolver el fenómeno delictivo y de la violencia criminal si seguimos el mismo derrotero institucional que se ha aplicado hasta ahora en materia penitenciaria, bajo el riesgo de que la reforma del sistema justicia penal -que se encuentra en el último tramo de su instauración a nivel nacional- se vea colapsada por no aplicar las medidas oportunas y adecuadas en la materia.

El problema es mayúsculo. No se trata de poner parches y tapar por aquí o por allá pequeñas deficiencias, se trata de una problemática que no sólo tiene implicaciones en el microcosmos de los penales, que son, en sí mismos, pequeñas ciudades que requieren de todos los insumos que cualquier comunidad exige. Se trata de mirar de manera distinta a los centros penitenciarios, de una manera integral e integrada, porque de ese microcosmos se alimenta, hoy por hoy, la violencia y la inseguridad en cada calle de nuestro país. Debemos empezar por mirar a esos “pequeños mundos aislados” como un sistema, cuyas decisiones o indecisiones inciden directamente en la paz y la tranquilidad de los mexicanos. Orden es el primer imperativo, lo que nos lleva a pensar: si no hay capacidad para tener orden en cuatro paredes, ¿cómo se pretende poner orden en cielo abierto?

Fecha: 5 de febrero, 2015
Autor: Alejandro Martí
@Alejandro_Martí

       
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